Cuando hablo de la voluntad no quiero expresar la facultad de desear, sino aquella energía vital que resume la acción de todas las fuerzas del espíritu, energía que se siente y no se puede definir, pero que podría denominarse "facultad práctica del hombre".
Todo ser humano, aun el más débil de espíritu, encuentra en sí mismo esa potencia de querer, cuyo desenvolvimiento en el hombre fuerte constituye lo que se llama carácter. Esa potencia es, por decirlo así, el todo del hombre, es su personalidad, es el fondo de la persona misma, es la fuerza que mueve a la imaginación.
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